Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años En cierta ocasión el canto de un pájaro le reveló al primo Benedicto que se encontraba ante una especie de volátil que se alimenta de miel. Dick quería disparar sobre el pájaro pero el sabio se lo prohibió, explicando que lo más conveniente era descubrir la miel, que para ellos resultaría un buen alimento, que no comerse el ave que sólo alcanzaría para uno.
Siguieron al pájaro y a los pocos minutos se hallaron frente a un numerosísimo enjambre de abejas, a las que ahuyentaron ahumando el lugar con hierbas frescas.
Así se hicieron con varias libras de miel, que fue saboreada con la máxima fruición. Pero aquello no era mucho y pronto el hambre volvió a aguijonearles.
En otra ocasión la piragua se detuvo frente a una ensenada donde pululaban las langostas por millares, cubriendo el suelo y los arbustos.
De nuevo fue el primo Benedicto quien explicó que aquellos ortópteros constituían muchas veces el alimento de los indígenas. En consecuencia se hizo buen acopio de aquellos animales que, asados, parecieron excelentes a los expedicionarios.
El grumete se inquietaba ante aquella interminable travesía, cuando un día el pequeño Jack, que se encontraba en la proa de la embarcación, exclamó:
-¡El mar!
Todos prestaron atención, pero Dick, que oteó detenidamente el lugar indicado por el pequeño, explicó: