Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -No es el mar, sino un gran rÃo que corre hacia el Oeste. Puede que sea el mismo Zaire.
El joven grumete no se equivocaba. Aquella formidable corriente era el rÃo Zaire o Congo, por el que navegaron en medio de un paÃs árido, sin que ello modificara el sistema de navegación en cuanto a la vigilancia.
A las tres de la mañana, los expedicionarios oyeron un ruido lejano, muy sordo aún, hacia el Oeste.
- ¡Es el ruido del mar! -exclamó Hércules con júbilo.
-No, amigo mÃo -respondió Dick-, ese ruido no es el del mar, y tendremos que esperar a que llegue el dÃa para saberlo exactamente. Es preciso que ahora vigilemos con la máxima atención.
Al amanecer del dÃa siguiente, el ruido habÃa aumentado considerablemente, y a los primeros rayos del sol podÃa verse por encima del rÃo, a menos de una milla de distancia, una especie de nube flotando en la atmósfera.
- ¡Unas cataratas! -exclamó el grumete-. Esa nube que vemos son vapores de agua. ¡Tenemos que dirigirnos a la orilla inmediatamente!
Hércules maniobró obedeciendo la orden de Dick, que no se habÃa equivocado, puesto que a media milla aproximadamente el lecho del rÃo faltaba de repente, precipitándose sus aguas en soberbia e irresistible impetuosidad, en una catarata de más de cien pies de altura.