Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Dick Sand creyó que era su deber dar cristiana sepultura a los restos del explorador. Pero cuando él y Hércules recogían el macabro hallazgo, Dingo, prorrumpiendo en un aullido de rabia, salió fuera de la choza. A los pocos momentos todos pudieron escuchar unos gritos terribles.
No cabía duda de que el vigoroso animal luchaba con alguien.
Dick y los demás se precipitaron fuera de la choza y vieron cómo un hombre rodaba por el suelo, sujeta su garganta por los terribles colmillos de Dingo.
Aquel hombre era Negoro, que al dirigirse a la desembocadura del Zaire, con el fin de embarcarse para América, había dejado atrás su escolta para regresar al sitio de su crimen y recoger el botín que tenía escondido, como lo confirmaba un agujero recientemente abierto al pie de un árbol, en el que podían verse puñados de monedas francesas reluciendo bajo los rayos del sol.
La lucha seguía entre el perro y el hombre, y en un momento de desesperación, Negoro logró sacar un cuchillo con el que hirió al animal, en el momento en que Hércules se lanzaba contra el malhechor para castigarle como se merecía.
¡Demasiado tarde! El portugués yacía muerto en el suelo, en el mismo lugar donde había cometido el crimen.