Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Dick Sand se convirtió en un auténtico hijo de la familia, y Hércules en un gran amigo de la misma.
Tres años más tarde, Dick Sand, a quien las aventuras corridas habían llevado a la conclusión de que debía estudiar con ahínco, terminó sus estudios hidrográficos y provisto de un certificado especial, se encargó del mando de la firma James W. Weldon.
Pero a Dick Sand le roía algo en su interior. Pensaba constantemente en el viejo Tom, en Bat, en Acteón y en Austin, de cuya desgracia se consideraba responsable.
Por eso, ayudado por todos sus antiguos compañeros, llevó a cabo las más minuciosas investigaciones para conseguir dar con aquellos nobles negros cuya suerte ignoraba.
Los corresponsales que el rico armador tenía en el mundo entero trabajaron también en aquella búsqueda.
Por fin se supo algo. Uno de los corresponsales descubrió que Tom y sus compañeros habían sido vendidos en Madagascar, donde dentro de poco iba a ser abolida la esclavitud.
Dick Sand puso inmediatamente sus ahorros para el pago del rescate, pero su padre adoptivo James W. Weldon no lo consintió, indicando que aquella gestión debía correr a su cargo como prueba de gratitud hacia quien tantas vicisitudes había pasado para salvar a su hijo Jack y a su madre.