Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años En consecuencia, el citado corresponsal negoció el asunto, y un día, el 15 de noviembre de 1877, cuatro negros llamaron a la puerta de la mansión de James W. Weldon.
Casi no es necesario decir que aquellos hombres eran el viejo Tom, su hijo Bat, Acteón y Austin, que después de haber escapado a tantos peligros, estuvieron a punto de morir asfixiados por los afectuosos abrazos que les dieron sus amigos.
En aquella reunión, en la que se desbordaba la alegría, sólo faltaba de todos los que la Pilgrim había arrojado a la costa africana, la pobre Nan, que no pudo resistir las penalidades sufridas.
Tampoco se hallaba presente aquel formidable amigo que con su instinto tanto había ayudado a los náufragos. Aquel fiel perro Dingo, cuyo cuerpo descansaba en un lugar perdido de África, cerca de la orilla del Congo, junto a los restos mortales de su amo.
Sin embargo, podía considerarse un milagro que sólo aquellos dos seres hubieran sucumbido durante las calamidades pasadas.
Aquel día, en casa del armador californiano, se celebró una gran fiesta, en la que los brindis se sucedieron sin cesar.
Pero entre todos, el que fue aclamado con más entusiasmo fue el que dedicó la señora Weldon a Dick Sand, aquel capitán de quince años.