Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años El primo Benedicto apareció en aquel momento, tan ajeno y absorto como siempre a cuanto acontecía a su alrededor.
Con la mirada reseguía todos los intersticios, huroneando debajo de las jaulas de las gallinas.
- ¿Qué busca debajo de este banco? -le preguntó la señora Weldon.
- ¡Insectos! -respondió el aludido.
- ¡Pues lo que es en el mar no acrecentará usted su colección! -aseveró el capitán.
- ¿Y por qué no, caballero?
-Porque el capitán tiene su navío tan limpio que nada cazará en él -aseguró la señora Weldon.
De esta manera transcurrían las interminables horas de aquella tediosa navegación. El mar continuaba tranquilo y la calma obligaba a la Pilgrim a detenerse. Muy poco se adelantaba hacia el Este en busca de vientos que le fuesen más favorables.
Durante aquellas jornadas, la señora Weldon no perdía el tiempo. Enseñaba a leer y a escribir a su hijo, cuidando de la aritmética su amigo Dick, que había apelado a un original sistema para que las lecciones fuesen bien asimiladas por el pequeño discípulo.
El abecedario y los números habían sido pintados en rojo sobre dados de madera, confeccionando un abecedario móvil que el niño iba manejando guiado por sus maestros para formar las palabras.