Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Estamos a sus órdenes -respondió el negro.
La ballenera se separó del casco de la Pilgrim, mientras los que quedaban en el barco deseaban por última vez suerte a los que partían.
Al impulso de los cuatro remeros, la ballenera fue alejándose de la Pilgrim.
La frágil embarcación se hallaba ya a varios centenares de pies de la goleta, cuando Dingo, de pie con las patas delanteras apoyadas en la borda, lanzó un quejumbroso aullido que impresionó mucho a aquella gente, dada a la superstición. También la señora Weldon se estremeció.
- ¡Vamos Dingo! -exclamó-. ¡Debes infundir valora tus amigos! Emite un buen ladrido, claro y alegre.
El perro, en vez de ello, se irguió de nuevo y esta vez lanzó un aullido de cólera.
Negoro acababa de aparecer en cubierta, seguramente con la intención de presenciar las maniobras de la ballenera.
Dingo, preso del más vivo e inexplicable furor, se dirigió hacia el cocinero. El portugués cogió un espeque y se dispuso a la defensa.
- ¡Aquí, Dingo, aquí! -gritó Dick cuando el perro iba asaltar-. ¡Quieto, Dingo!
Negoro había palidecido, sin pronunciar una sola palabra. Dejó caer el espeque y regresó a la cocina.