Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años VI
En la captura de una jubarte no puede dejarse de tomar ninguna precaución. Por eso el capitán Hull, experto ballenero, no dejaba nada a la improvisación.
Comenzó por maniobrar de modo que, acercándose a la ballena por la parte contraria a la dirección del viento, ningún ruido pudiese advertirle la proximidad de la embarcación.
El jefe de la tripulación era un marino que inspiraba toda la confianza al capitán y que dirigió la ballenera siguiendo la curva bastante pronunciada que formaba el banco rojizo en medio del cual flotaba el mamífero.
Los remos se movían silenciosos y la embarcación había bordeado el banco de crustáceos, deslizándose sin hacer ruido por la superficie de las aguas. La jubarte no se movía ni parecía haberles visto aún.
El capitán Hull, con aquellas maniobras, se alejaba del barco, hasta que media hora después de haberlo abandonado, la ballena se encontraba entre las dos embarcaciones.
El momento de acercarse al monstruo había llegado.
-¡Silencio! ¡Silencio! Remad más despacio, muchachos -dijo en voz baja.
