Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Los infortunados marineros, gravemente heridos, trataron de mantenerse a flote en medio del oleaje producido por los saltos de la ballena, que en el paroxismo del furor y quizás en los últimos espasmos de una terrible agonía, se retorció, saltó y agitó de un modo tan formidable con la cola las turbias aguas, que un cuarto de hora después, cuando la Pilgrim llegó al lugar de la catástrofe, había desaparecido todo rastro de ser viviente. Sólo sobre la superficie de las aguas enrojecidas por la sangre, quedaban algunos restos de la pequeña embarcación.