Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años ¡Ah! Si Dick Sand hubiese tenido cuatro o cinco años más. Habría sabido servirse del sextante, habría leído en el cronómetro la hora del meridiano de Greenwich y habría deducido la longitud por el ángulo horario. Pero ahora, aunque era capaz de establecer el velamen según las circunstancias, no poseía bastantes conocimientos para determinar mediante el cálculo el punto donde se encontraba.
¡Con cuatro o cinco años más, el Sol se habría convertido en su consejero de todos los días y la Luna y los planetas le indicarían el punto del océano en que se encontraba el navío! Por las observaciones astronómicas habría podido determinar con exactitud el camino a seguir. Ahora, sólo por el cálculo midiendo la distancia recorrida con la guindola levantada a compás y corregida con la deriva, debía comprobar únicamente cuál era su camino.
No obstante, no se desalentó.
La señora Weldon, intuyendo la fortaleza de espíritu del joven grumete, le dijo:
-Ya no están el capitán Hull ni su tripulación. La suerte de todos nosotros está en tus manos, pero tú salvarás el navío y a cuantos vamos en él.
-Lo intentaré con la ayuda de Dios -respondió Dick Sand-. Haré de Tom y sus compañeros unos marinos y maniobraremos juntos. Lucharemos y saldremos de esta situación. Estoy seguro de ello.