Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Finalmente, y sin que en esta ocasión Hércules rompiera nada, quedó terminada la operación, por lo que la Pilgrim quedó ostentando todas las velas que constituían su aparejo, a falta de las bonetas de mesana a babor, que Dick no creyó prudente utilizar porque, además de suponer una maniobra harto difícil, no podrían retirarse con rapidez en caso de un cambio brusco en el tiempo.
Dick Sand cogió de nuevo la rueda del timón y el barco, con una ligera inclinación hacia estribor, se deslizó con rapidez por la superficie del mar.
-Te felicito -dijo la señora Weldon, estrechando la mano del grumete.
A bordo se siguió la vida normal, aunque el pensamiento de todos no se apartaba de la conmovedora catástrofe. El orden más perfecto reinaba en la goleta, y todo hacía suponer que las cosas marcharían a las mil maravillas.
Negoro incluso parecía haber reconocido la autoridad de Dick y no hizo ningún intento para sustraerse a la misma. No se movía de su reducida cocina y, por tanto, se le veía muy poco.
Llegada la noche, Dick Sand, debido al estado del tiempo, no creyó necesario disminuir el velamen. Por otra parte, el estado de la atmósfera no dejaba entrever ninguna alteración inmediata.