Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años El joven, para no comprometer la arboladura y el velamen del barco, hizo plegar la cacatúa, la flecha y el petifoque y determinó hacer lo propio, después de haber recogido dos rizos, con la gavia y el papagayo.
Los negros trabajaron con gran entusiasmo en aquellas maniobras que colocaron al barco en las condiciones idóneas de navegación que exigía el estado de la atmósfera.
En los tres días siguientes se modificaron sensiblemente la fuerza y la dirección del viento. No obstante, el mercurio continuaba bajando en el tubo barométrico.
El aspecto del cielo era amenazador. Densas brumas lo cubrían de un modo constante y su espesor era tal que hacía muy difícil distinguir el lugar por donde salía y se ponía el Sol.
El 23 de febrero pareció que la brisa cedía, pero por la tarde el viento arreció y el mar empezó a agitarse.
Dick Sand pensaba que de no complicarse más las cosas, aquel estado atmosférico resultaría favorable, acercando el barco a la costa americana con mayor rapidez. ¿Pero cómo maniobraría si no encontraba un práctico de la costa, en un litoral que desconocía?