Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Tom se alarmó, no por Negoro, con quien no simpatizaba ni poco ni mucho, sino porque temió que se hubiera roto la brújula, y lanzó un grito, que llegó a oídos de Dick, haciéndole precipitar fuera del camarote.
- ¿Qué sucede? -preguntó al llegar al lado de Tom.
-Negoro, que acaba de caerse encima de la brújula.
El cocinero, que se había incorporado ya, tenía en la mano el pedazo de hierro magnético que unos momentos antes había recogido de debajo de la bitácora y que hizo desaparecer en un bolsillo sin que nadie se diese cuenta.
Dick Sand se inclinó, inquieto, sobre la bitácora, que no había sufrido daño.
Pero lo que el muchacho no pudo observar, es que después de que Negoro hubiera separado el pedazo de magnetita, la aguja había recuperado su posición normal, señalando otra vez con exactitud hacia el Norte magnético.
¿Tenía, pues, ahora el portugués algún interés en que la aguja marcase correctamente? Así era, en efecto, pues sus propósitos se veían favorecidos por aquellos vientos del Sudoeste.
- ¿Qué busca usted aquí? -preguntó Dick a Negoro, cuya caída parecía haber sido consecuencia del zarandeo del barco.