Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Nada. No hay ningún reglamento que prohíba me acerque aquí.
-Con reglamento o sin él -exclamó enérgico Dick-, le prohíbo a usted que se acerque a este lugar.
- ¿Lo dice en serio? -inquirió con cinismo Negoro, acompañando sus palabras con un gesto amenazante.
El joven capitán extrajo un revólver de su bolsillo y apuntando con él al portugués, le dijo:
-Recuerde bien que este revólver no se separa de mí y que al primer acto de insubordinación le levantaré la tapa de los sesos.
- ¿Quiere usted que arroje a ese tunante por la borda? -preguntó Hércules, acercándose.
Negoro se vio perdido. -Todavía no -respondió Dick.
Pero la mano del negro se había posado ya sobre un hombro del cocinero, que salió lanzado hacia el puente. -Me las pagarás, negro maldito -masculló Negoro.
Después de aquel incidente, una cosa singular extrañó al grumete y es que el viento había cambiado. El navío conservaba la misma orientación, pero el viento y las olas, en lugar de asaltarle directamente por la popa, le empujaban ahora por la banda de babor, por lo que el grumete tuvo que desviarse un cuarto para continuar huyendo de la tempestad.