Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Las mangas y solapas de su chaqueta, así como el forro de la misma y el sombrero, eran un alfiletero, y cuando volvía de una ronda científica, su casquete, en especial, era como un museo de Historia Natural, puesto que aparecía repleto de insectos ensartados. Esta pasión es la que le había llevado a acompañar a los señores Weldon a Nueva Zelanda, donde su colección se había enriquecido con varios raros ejemplares, que aseguró por una suma considerable antes de embarcar.
El 22 de enero, pues, la señora Weldon embarcó acompañada de su hijo Jack, el primo Benedicto y la sirvienta negra Nan.
En el momento de zarpar, y cuando la señora y sus acompañantes se encontraban sobre la cubierta de la goleta, el capitán Hull le advirtió:
-Debo recordarle, señora, que es bajo su exclusiva responsabilidad que embarca usted a bordo. Ya sabe que no he recibido orden expresa de su marido y esta goleta no puede ofrecer las mismas garantías que un paquebote de pasajeros. No obstante, estoy convencido de que su marido no vacilaría en embarcar, puesto que la Pilgrim es una buena nave. Mi observación es para poner a cubierto mi responsabilidad y para recordarle que no encontrará a bordo las comodidades que suele tener.
La señora Weldon esbozó una sonrisa y contestó:
-No debe preocuparle mi comodidad, ya que este pequeño detalle no me hará desistir.
