Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Dingo, que estaba en cubierta, llevado por un inexplicable instinto, se precipitó hacia la proa, lanzando unos ladridos lastimosos, mientras dirigía su mirada a tierra. Parecía como si reconociese aquel litoral, que provocaba en él algún doloroso recuerdo.
Seguramente aquellos ladridos fueron oídos por Negoro, puesto que un irresistible sentimiento lo llevó a dejar su puesto para dirigirse a cubierta, donde aquella furiosa resaca pareció asustarle.
Dingo, cuyos tristes ladridos continuaban, no acusó la presencia del portugués, afortunadamente para éste.
Sólo una persona se dio cuenta de que el semblante de Negoro se contraía un tanto y que sus facciones se alteraban notablemente. Era la señora Weldon.
Dick Sand no dejaba de contemplar la ensenada que, poco a poco, iba abriéndose. Abandonó la barra, que confió a Tom, y dirigiéndose a la señora Weldon, le dijo con decisión:
-A pesar de todos mis esfuerzos, la Pilgrim estará antes de media hora sobre los arrecifes. No veo, sin embargo, otra solución que acercarnos a la costa para poder salvarles a ustedes, aunque tenga que perderse el barco. He hecho cuanto he podido.
-Sí -asintió ella-, y por lo tanto no puedes reprocharte nada. Que Dios te guíe, Dick.