Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años - ¡Verted el aceite! -gritó.
Los negros, que se encontraban junto a los barriles esperando esta orden, vaciaron rápidamente hasta la última gota de aceite. El mar se calmó como por encanto y la Pilgrim se deslizó con rapidez sobre aquellas aguas, dirigiéndose en línea recta hacia la costa.
De pronto, y al recobrar el mar momentos después toda su furia, una formidable ola levantó al barco, produciéndose un terrible choque. La Pilgrim acababa de encallar. Al entreabrirse el casco por efecto del choque, el agua entró con violencia. Sin embargo, la costa se hallaba prácticamente al alcance de la mano y una corta cadena de rocas permitía llegar a ella sin dificultad.
Pocos minutos después, y sin contratiempos, todos los pasajeros habían desembarcado, y su primera providencia fue dar gracias a Dios por no haberles abandonado.
