Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Sólo era preciso encontrar un lugar donde guarecerse, y fue el pequeño Jack quien lo descubrió, detrás de una roca. Había allí una gruta muy limpia que los embates del mar habían formado.
El grupo se dirigió hacia aquel lugar, ya que no era de temer, debido a que la Luna se hallaba en cuarto creciente, que las mareas alcanzasen la gruta.
Unos minutos más tarde y cuando los náufragos reponían fuerzas con un ligero refrigerio, apareció Negoro que seguramente consideró una buena idea compartir la comida que se preparaba en común.
Mientras el grupo comía, Dingo, que cazaba al vuelo parte de las provisiones que los comensales le tiraban, vigilaba al mismo tiempo. Si alguien se hubiera acercado el perro lo descubriría inmediatamente. Por este lado podían estar tranquilos.
La conversación pronto derivó hacia la actitud que debían adoptar. Sólo Negoro no tomó parte en la discusión.
-Lo más importante -dijo Dick, después de reflexionar un rato- es averiguar dónde nos encontramos. Los vientos y las corrientes que hemos soportado me hacen confiar en que hemos llegado a un punto de la costa peruana. Estoy seguro, pues, de que estamos en alguna provincia meridional del Perú, o sea en la parte menos habitada del país que limita con las Pampas. Si así fuera, es posible que estemos muy alejados de la civilización.