Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Harris, atendiendo a las preguntas que le dirigían la señora Weldon y Dick explicó que con mucha frecuencia hacía viajes sin ninguna compañía por aquellos lugares, indicando que a doscientas millas de donde se encontraban, un hermano suyo tenía una importante finca denominada "Hacienda de San Felice" a la que se ofreció a acompañar a los náufragos, donde les aseguró que serían bien recibidos y desde donde no les faltarían medios de transporte para llegar a la ciudad de Atacama.
Estos ofrecimientos, hechos de un modo espontáneo, ganaron la confianza del grupo.
- ¿Son esclavos suyos estos negros? -preguntó el americano.
La señora Weldon le recordó que hacía mucho tiempo que en Estados Unidos no había esclavitud y que aquellos negros no estaban ni aun a su servicio.
La proposición de aquel hombre hacía cavilar a Dick al pensar que un recorrido de más de doscientas millas por entre la selva había de resultar sumamente fatigoso. Así lo hizo constar.
-Poseo un caballo -contestó Harris- que he dejado paciendo al lado del riachuelo. Lo pongo a disposición de la señora Weldon y su hijo. Los hombres podremos cubrir la distancia a pie, teniendo en cuenta, además, que las doscientas millas que nos separan de la hacienda quedarán reducidas a ciento veinte si atravesamos la selva.