Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Los intereses comerciales de mi marido sólo le han llamado a Nueva Zelanda y no he viajado a otra parte. No conozco tampoco esta parte de la baja Bolivia.
-Pues bien, verán ustedes un singular país que contrasta de un modo singular en cuanto a su flora y su fauna con otras regiones de América del Sur.
Si el primo Benedicto hubiese sido un botánico en vez de un entomólogo, que hasta entonces sólo había encontrado algún que otro insecto interesante, hubiese quedado admirado ante aquella variedad de especies vegetales. Pero no conocía la botánica ni le interesaba.
A veces la selva aparecía pantanosa, con una red de hilillos líquidos que debían alimentar los afluentes de algún riacho. Algunos de estos arroyos tuvieron que ser vadeados; en sus orillas crecían espesos cañaverales a los que Harris dio el nombre de papiros. Después la espesura volvía a espesarse y la vegetación cubría los estrechos senderos de la selva.
La marcha por aquellos lugares era lenta y después de la segunda mitad de aquella primera jornada de viaje, la caravana empezó a ascender por un terreno ligeramente inclinado. Los árboles eran allí menos tupidos y de no estar el suelo invadido por una maraña de vegetación, la marcha hubiera sido más fácil.