Un Drama en México
Un Drama en México Crockston no contestó.
—Contramaestre, —añadió Jacobo Playfair —, que le den cincuenta zurriagazos a este individuo para desatarle la lengua. ¿Serán bastantes, Crockston?
—Ya veremos —dijo sin pestañear el tÃo del grumete Juan Stiggs.
—¡Adelante, muchachos! —ordenó el contramaestre.
Dos vigorosos marineros despojaron a Crockston de la chamarreta de lana. Levantaban ya el terrible instrumento e iban a descargarlo sobre las espaldas del paciente, cuando se precipitó en el puente, pálido como un muerto, el muchacho Stiggs.
—¡Capitán! —gritó.
—¡Ah! el sobrinito —dijo Playfair.
—Capitán —repitió el muchacho, haciendo un violento esfuerzo sobre sà mismo —, lo que Crockston no ha querido decir lo diré yo. No ocultaré lo que él no ha querido revelar. SÃ, es americano, y lo soy yo también; los dos somos enemigos de los esclavistas, pero no hemos venido a bordo para hacer traición al DelfÃn y entregarlo a los buques federales.
—Entonces, ¿qué les ha traÃdo aquÃ? —preguntó el capitán en tono severo, y examinando con atención al grumete.
Este vaciló un instante antes de responder, y al fin dijo con voz segura: