Un Drama en México
Un Drama en México En aquel momento, dieron las nueve. Era el momento señalado.
Jacobo oÃa los latidos de su corazón… Resonó un silbido… El capitán del DelfÃn respondió con otro, y después prestó atento oÃdo, recomendando con la mano, el más absoluto silencio a sus marineros. Apareció un hombre, envuelto en una ancha manta, mirando a uno y a otro lado. Jacobo corrió hacia él.
—¿Señor Halliburtt?
—Yo soy —respondió el hombre de la manta.
—¡Loado sea Dios! —exclamó Jacobo Playfair—. Embárquese usted enseguida… ¿Y
Crockston?
—¡Crockston! —repitió mister Halliburtt—. ¿Qué quiere usted decir?
—Quien le ha salvado y conducido hasta aquà ha sido su fiel criado Crockston.
—El hombre que me acompañaba es el carcelero de la ciudadela.
—¡El carcelero! —exclamó Jacobo.
No entendÃa nada y le asaltaban mil temores.
—¡Ah sÃ, el carcelero! —dijo una voz muy conocida —. ¡El carcelero duerme como una marmota en mi calabozo!