Un Drama en México
Un Drama en México —¡Nos hemos salvado! —repitió la tripulación batiendo palmas.
Ya el faro de Charleston empezaba a desaparecer hacia el sudoeste, palideciendo su brillo, y parecÃa que el DelfÃn se hallaba fuera de peligro cuando una bomba, disparada por una cañonera que cruzaba al largo, zumbó en las tinieblas. PodÃa seguirse su rastro a causa de la espoleta, que dejaba tras sà una lÃnea de fuego.
Aquél fue un momento de indescriptible ansiedad. Todos callaban mirando con espantados ojos la parábola descrita por el proyectil; nada podÃa hacerse para evitarla; después de medio minuto cayó con horrible estruendo sobre la proa del DelfÃn.
Los marineros, horrorizados, se refugiaron en la popa; nadie se atrevÃa a dar un paso, mientras la espoleta crepitaba.
Pero un hombre, valiente, entre los valientes, corrió hacia aquel formidable artificio de destrucción: era Crockston. Tomó la bomba en sus brazos vigorosos, y mientras millares de chispas se desprendÃan de la espoleta, la arrojó, haciendo un sobrehumano esfuerzo, por encima de la borda.
Apenas habÃa llegado a la superficie del agua, estalló la bomba con espantosa detonación.
—¡Hurra! ¡hurra! —exclamó en coro la tripulación mientras Crockston se frotaba las manos.