Un Drama en México
Un Drama en México El DelfÃn marchó aun más deprisa; los émbolos funcionaban con espantosa precipitación; todas las planchas de asiento de la máquina temblaban. El espectáculo hacia estremecer los corazones más templados.
—¡Fuercen! —gritaba Jacobo—. ¡Fuercen siempre!
—Imposible —respondió el maquinista—. Las válvulas están herméticamente cerradas y los hornillos están llenos hasta la boca.
—¿Qué importa? ¡se pueden atacar con algodón impregnado de espÃritu de vino! ¡Es preciso a toda costa dejar atrás a la maldita fragata!
Al oÃr semejantes palabras, los más intrépidos marineros se miraron, pero nadie vaciló.
Se echaron a la cámara de la máquina algunas balas de algodón, y se desfondó en ella un barril de espÃritu de vino. La nueva materia combustible se introdujo, no sin peligro, en los incandescentes hornillos. El rugido de las llamas no permitÃa que los fogoneros se oyesen.
Pronto las planchas de los hornillos llegaron al rojo blanco; los émbolos iban y venÃan como los de una locomotora; los manómetros marcaban una tensión espantosa; el barco volaba; sus junturas crujÃan; por sus chimeneas brotaban llamas mezcladas con el humo. Su velocidad era vertiginosa, insensata, pero ganaba espacio sobre la fragata; la rebasaba, y al cabo de diez minutos estaban fuera del canal.
—¡Nos hemos salvado! —gritó el capitán.