Un Drama en México
Un Drama en México o «¡voto a sanes!»
De pronto, un enorme pájaro nocturno, lanzando un ronco graznido, se elevó pesadamente con sus grandes alas.
MartÃnez se quedó parado.
Un enorme trozo de roca oscilaba visiblemente sobre su base, treinta pies por encima de él. De repente, el bloque se desprendió y, aplastando todo a su paso con la rapidez y el ruido del rayo, se precipitó en el abismo.
—¡Virgen Santa! —gritó el gaviero—. ¡Eh, mi teniente!
—¡José!
—¡Venga por aquÃ!
Los dos españoles se reunieron.
—¡Vaya avalancha! Bajemos —dijo el gaviero.
MartÃnez le siguió sin decir palabra y ambos llegaron en seguida a la meseta inferior.
En ésta un ancho surco señalaba el paso de la roca.
—¡Virgen Santa! —gritó José—. ¡Nuestros caballos han desaparecido, aplastados, muertos!
—¿Es posible? —exclamó MartÃnez.
—¡Mire!
El árbol al que habÃan atado los dos animales habÃa sido, en efecto, arrastrado junto con ellos.