Un Drama en México
Un Drama en México Cuando dejé a mis compañeros mi escopeta estaba todavía sin cargar. ¡Cosas de principiantes! Era por cuestión de amor propio. Como tenía casi la seguridad de que había de hacerlo muy mal, quise quedarme solo para la terrible operación.
Así pues, una vez sin testigos, saqué la pólvora que eché en el cañón derecho; después los perdigones, mas bien muchos que pocos. Cuantos más haya, más probabilidades hay de hacer blanco. Una vez hecho eso, puse imprudentemente el pistón en su sitio, y repetí lo mismo con el cañón izquierdo. Pero antes de acabarla, ¡Qué detonación! Salió el tiro rozándome la cara. No me había acordado de poner el gatillo derecho en el seguro, y con los movimientos que hice se bajó e hizo salir el tiro.
Aviso a los principiantes. Por muy poco no hago que la apertura de la caza del departamento del Somme empiece con una desgracia. ¡Qué gran noticia para los periódicos de la localidad!
Y sin embargo, si al salir este tiro por casualidad hubiera pasado alguna perdiz en la dirección del disparo, con seguridad le hubiera matado. No se me volvería a presentar una ocasión tan buena.