Un Drama en México
Un Drama en México CON gran satisfacción de nuestros estómagos dieron las doce, en vista de lo cual nos detuvimos al pie de un olmo. Las escopetas y los morrales vacíos se dejaron a un lado.
Después almorzamos para recobrar algunas de las fuerzas perdidas desde nuestra salida.
¡Triste almuerzo! ¡Tantas recriminaciones como bocados! ¡Qué horrible lugar! Un coto bien guardado lo destacaban los merodeadores. Debían colgarse uno de cada árbol con un letrero en el pecho. ¡La caza era ya imposible! En dos años no quedaría el menor vestigio de caza. ¿Porqué no prohibirla durante cierto tiempo? En fin, un cúmulo de frases pronunciadas por una reunión de cazadores que no se habían estrenado desde el amanecer.
Después volvió a empezar la dsiputa entre Matifat y Pontcloué, a propósito de la perdiz.
Se mezclaron los demás en la discusión. Creí que al fin iban a acabar por golpearse.
Al cabo de una hora nos pusimos de nuevo en marcha, más ágiles. Quizás seríamos más felices antes de llegar la hora de comer. ¡Qué verdadero cazador pierde la esperanza hasta el último momento!