Un Drama en México
Un Drama en México —¿Yo? ¿yo? —exclamé.
—No puede ser más que usted —me dijo severamente Bretignot.
—Decididamente, este caballero es un hombre peligroso —repuso Matifat.
—Cuando uno es tan torpe se rehusan las invitaciones, sean de quien sean —añadió Pontcloué.
Y sin decir más se fueron.
Comprendà en seguida que me endosaban al herido.
Tuve el valor de sacrificarme. Saqué el portamonedas y le di diez francos al aldeano, cuyo carrillo se deshinchó instantáneamente. Sin duda se habÃa tragado la nuez.
—¿Está usted mejor? —le dije.
—¡Ay, ay! me vuelve a empezar —respondió, mientras se le hinchó el carrillo izquierdo.
—Vaya, basta de broma; basta con un carrillo.
Y me marché.