Un Drama en México
Un Drama en México Tales fueron las frases que les inspiró “el delito de heridas sin intención de matar”, según lo clasifica el Código. Y sin hacer caso corrieron tras de los perros, que traían sólo dos perdices heridas, y que mis amigos, que sin duda carecían de entrañas, acabaron por matarlas a puntapiés. Les deseo la misma suerte en iguales circunstancias.
Durante este tiempo, el aldeano continuaba inmóvil, con el carrillo hinchado.
Bretignot y sus compañeros volvieron a mi lado.
—¿Qué le pasa a usted, buen hombre? —dijo Maximon en tono protector.
—Tiene un perdigón en el carrillo —dije yo.
—¡Bah! eso no es nada —añadió Duvauchelle.
—Sí, sí —exclamó el aldeano, que creyó oportuno hacer ver la importancia del mal por medio de un gesto horrible.
—Pero ¿quién ha sido el torpe que ha hecho daño a ese pobre diablo? —preguntó Bretignot, mirándome con fijeza.
—¿Ha tirado usted? —me dijo Maximon.
—Sí, como todos.
—Entonces no hay duda.
—Es usted tan mal cazador, como Napoleón I —añadió Pontcloué, que detestaba el Imperio.