Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo Los mismos. CÉSARINE
CESARINE: ¿A qué llama usted amar, Sr. Dumortier?
DUMORTIER: ¡Ah! ¡Señorita!
ISIDORE: ¡Srta. Césarine!
DUMORTIER: ¿A qué llamo yo amar? Le doy mi palabra, no lo sé. A decir verdad, la naturaleza de mis preocupaciones no me ha permitido profundizar en ese asunto. No lo sé.
CESARINE: Bueno, Sr. Dumortier, si un hombre, reflexivo, inteligente y sabio como usted, no conoce la palabra amar, ¿cómo espera entonces que una pobre y joven muchacha pueda saberlo alguna vez?
DUMORTIER: Señorita, la palabra amar es un verbo.
ISIDORE: Un verbo de la primera conjugación, el primero que uno aprende a conjugar en cualquier lengua, phideo en griego, amo en latín, j’aime en francés[13]. Es un verbo activo que gobierna al objeto directo. Cuando salimos de la escuela y queremos sacar partido de nuestras humanidades, lo único que tenemos que hacer en este mundo es buscar a este encantador objeto, encontrar ese adorable objeto, gobernarlo haciendo todas sus voluntades y atarnos a él con eternos lazos. Tío, he encontrado mi objeto directo, aquí está, es la señorita Césarine y viéndola así tan bella, hermosa, tan dulce, tan perfecta, nadie osará en decirme que no hice buenos estudios[14].
