Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo DUMORTIER. ISIDORE
DUMORTIER: Bien, desgraciado[34], no quisiste escucharme, no solamente has sido duramente agradecido sino que me has hecho perder la compañía del Barón.
ISIDORE: (Jocosamente). No se preocupe, tío. Estoy más determinado que nunca.
DUMORTIER: ¿Qué quieres decir?
ISIDORE: Usted habló con el Barón de adopción y él mismo ya pensaba en ello, ¿pero sabe usted cuáles son las consecuencias de la adopción?
DUMORTIER: Casi.
ISIDORE: El adoptado se convierte en hijo verdadero del adoptador a tal punto que se constituye en el instante su heredero legítimo y toma su nombre.
DUMORTIER: ¿Y bien?
ISIDORE: Bueno[35], estaré encantado que a Césarine no la llamen Señora Barbillon, sino mejor la Baronesa d’Entremouillettes.
DUMORTIER: No veo de qué manera el Barón podría adoptarte, mi pobre Isidore, suponiendo que él esté de acuerdo[36], puesto que no te ha dado los cuidados necesarios exigidos durante tu infancia.
ISIDORE: Ante todo, está convenido, creo, que el Barón adoptará sin importar a quién, con tal que su nombre sea perpetuado para las futuras generaciones.
DUMORTIER: Es uno de los prejuicios de su clase y creo que si uno le proporciona los medios.
