Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo DUMORTIER. CÉSARINE
DUMORTIER: No hay nada que decir. Debo seguirlos.
CESARINE: ¿Pero qué le ocurre Sr. Dumortier, qué le pasa?… ¿Qué planea Isidore?… ¿Qué quiere hacer con ese oso?
DUMORTIER: ¡Está loco!
CESARINE: ¡El oso está loco! ¡Oh, por Dios!
DUMORTIER: ¡No!, ¡mi sobrino! Sin mencionar que es absolutamente capaz de devorar a su tÃo.
CESARINE: ¿El caballero Isidore?… ¿Devorar a mi tÃo?
DUMORTIER: ¡No!, ¡al oso! Y con su carácter valiente, aventurero y audaz, es capaz de enfrentarlo cuerpo a cuerpo.
CESARINE: ¿Al oso?
DUMORTIER: ¡No! ¡A su tÃo!
CESARINE: ExplÃquese, se lo ruego, que no logro entenderle, Sr. Dumortier, y me pregunto ahora quién está loco aquÃ.
DUMORTIER: ¡Oh!, perdóneme, señorita. ¡Cómo espera que le explique! ¡Todo me da vueltas en el cerebro! ¡El oso, mi sobrino, su tÃo! Uno tiene una audacia incomparable, el otro un plan insensato y el tercero, garras formidables. ¡Todo esto se mezcla y no entiendo nada! ¡Y me pregunto si su tÃo no es el sobrino del oso o si el oso no es el tÃo de mi sobrino!