Una ciudad flotante
Una ciudad flotante El programa del doctor marcaba, para el día siguiente, 13 de abril, una visita a la orilla canadiense. Un paseo. Bastaba seguir las alturas que forman la derecha del Niagara por espacio de dos millas, para llegar al puente colgante. Salimos a las siete de la mañana. Desde el sendero sinuoso que costea la orilla derecha, se distinguían las aguas tranquilas del río, que ya se había repuesto de los remolinos de su caída.