Una ciudad flotante
Una ciudad flotante Detalle curioso. Un viajero levemente herido por una astilla, se marchó en el ténder, aprovechando la ocasión. Ya estaba saturado de Great-Eastern.
Yo miraba el ténder, que a todo vapor se alejaba, cuando oà a mi irónico compañero, que murmuraba detrás de mÃ:
—¡Buen principio de viaje!
—No puede ser peor —repliqué—. ¿Tengo el honor de hablar a…?
—Al doctor Dean Pitferge.