Una ciudad flotante
Una ciudad flotante —Sin duda, querido compañero —me contestó—. El capitán Corsican y yo, al llegar a Liverpool, Ãbamos a tomar pasaje en el China, de la lÃnea de Cunard. La noticia del viaje que iba a emprender el Great-Eastern nos hizo reflexionar acerca de si serÃa conveniente modificar nuestro plan primitivo, aprovechando ocasión tan favorable; pero la noticia de que estabais a bordo acabó de decidirme, pues para mà es un placer vuestra compañÃa. No nos habÃamos vuelto a ver desde aquel delicioso viaje que hicimos hace tres años al territorio escandinavo, y por eso el ténder nos trajo ayer.
—Querido Fabián —le respond×, creo que ni vos ni vuestro amigo os arrepentiréis. La travesÃa del Atlántico en este enorme barco ha de ser interesante para vosotros, por poco marinos que seáis. La última carta que hace seis meses fechasteis en Bombay, me hacÃa creer que estabais en el regimiento.