Una ciudad flotante
Una ciudad flotante A eso de las tres, resonaron estrepitosas voces de triunfo, y los viajeros cubrieron las toldillas. El Great-Eastern pasaba a dos cables de un paquebote al que había adelantado. Era el Dropontis, con rumbo a Nueva York, que saludó al gigante de los mares, a quien éste contestaba.
A las cuatro y media aún se divisaba tierra, a tres millas a estribor. Apenas nos permitía verla la oscuridad de un chubasco repentino. Pronto apareció una luz. Era el faro de Fastenet, colocado en un picacho aislado. No tardó en cerrar la noche, durante la cual debíamos doblar el cabo Clear, última punta adelantada de la costa de Irlanda.