Una ciudad flotante
Una ciudad flotante —Y ¿por qué razón no ha de estar a bordo? —preguntó Corsican mirándome.
Esta idea cruzó por primera vez mi imaginación, pero la deseché. No: no estaba, no podÃa estar allÃ. El doctor Pitferge no hubiera dejado de saberlo y decÃrmelo. ¡No acompañaba a Drake en la travesÃa!
—Quiera el cielo que no os engañéis, caballero porque la presencia de esa pobre vÃctima serÃa un golpe terrible para Fabián. No sé lo que sucederÃa, Fabián es capaz de matar a Drake como a un perro. Puesto que sois, como yo, amigo verdadero de Fabián, voy a pediros una prueba de esa amistad. No le perdamos un instante de vista; estemos siempre dispuestos a arrojarnos entre él y su rival. Bien comprendéis que esos dos hombres no pueden medir sus armas, pues ni aquÃ, ni fuera de aquÃ, puede ¡ay!, casarse una mujer con el matador de su esposo, por indigno que éste sea.