Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Yo me incliné asintiendo. No era una pregunta del comandante, por lo que no tenía que darle respuesta alguna. El hombre se expresaba con perfecta soltura, sin entonación particular en las palabras. La dicción era clara, los términos precisos, la facilidad de elocución notable. Y sin embargo, yo no "sentía" en él a un compatriota.
Reanudó la conversación, diciendo:
-Habrá usted pensado, señor, sin duda, que me demoraba en hacerles esta segunda visita. Es que, una vez conocida la identidad de ustedes, yo quería pesar cuidadosamente lo que debía resolver. He vacilado mucho. Enojosas circunstancias los han puesto en presencia de un hombre que rompió todo vínculo con la humanidad. Ustedes han venido a perturbar mi vida...
-Involuntariamente, dije.