Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Que solamente la electricidad podÃa darme, se apresuró a contestar el capitán Nemo. Le repito, señor, que la potencia dinámica de mis máquinas es casi infinita. Las bombas del Nautilus poseen una fuerza prodigiosa y usted pudo comprobarlo cuando las columnas de agua que expelÃan cayeron como un torrente sobre la Abraham Lin- co1n. Por lo demás, yo no utilizo los depósitos suplementarios más que para alcanzar profundidades medias de mil quinientos a dos mil metros, y eso con el fin de proteger a mis aparatos. Pero cuando se me antoja visitar las profundidades del océano a dos o tres leguas por debajo de la superficie, acudo a maniobras más prolongadas, aunque no menos infalibles.
-¿Cuáles, capitán?, pregunté.
-Esto me lleva de suyo a explicarle cómo se maneja el Nautilus.
-Estoy impaciente por saberlo.
-Para gobernar esta nave a estribor o babor, para dirigirla en una palabra, siguiendo un plano horizontal, me valgo de un timón común de azafrán grande, fijo en el codaste de popa y al que mueven una rueda y unas palancas. Pero también puedo dirigir al Nautilus de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, en sentido vertical, por medio de dos planos inclinados puestos a sus costados en su centro de flotación, planos móviles, capaces de tomar cualquiera dirección y que se manejan desde adentro por medio de potentes palancas.