Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Cuando llegué a Nueva York, varias personas me hicieron el honor de consultarme acerca del fenómeno en cuestión. Yo había dado a la imprenta en Francia una obra en cuarto y en dos volúmenes con el título de Los misterios de las grandes profundidades submarinas. El libro, particularmente apreciado por el mundo científico, me convertía en especialista en esta parte bastante oscura de la historia natural. Me preguntaron mi parecer.
Mientras pude negar la realidad del hecho, me limité a hacerlo. Pero pronto, puesto entre la espada y la pared, hube de expedirme en modo terminante. Incluso "el honorable Pedro Aronnax, profesor del Museo de París", fue apremiado por el New York Herald para que formulase una opinión cualquiera.
Puse manos a la obra. Mi artículo, que admitía la existencia del monstruo, fue muy discutido, lo que le valió extraordinaria resonancia.