Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino ¿Sabría yo alguna vez a qué nación pertenecía ese hombre extraño que se jactaba de no tener patria? ¿Qué motivo habría provocado el odio que le inspiraba la humanidad, odio que buscaba quizás terribles venganzas? ¿Era uno de esos sabios mal apreciados, uno de esos genios "a quienes se les apenó", según decía Consejo, un Galileo moderno, o bien uno de esos hombres de ciencia como el americano Maury, cuya carrera quebraron las revoluciones políticas? Yo no podía decirlo aún; yo, arrojado por el acaso a bordo de su embarcación. En sus manos estaba mi vida; me acogía fríamente, pero con ánimo hospitalario. Sólo que jamás había apretado la mano que yo le tendía, ni él jamás me tendió la suya.
Durante una hora, entera permanecí sumido en esas reflexiones, tratando de despejar el misterio que tanto me intrigaba. Luego posé las miradas en un amplio planisferio extendido sobre la mesa y coloqué el dedo sobre el punto exacto en que se cruzaban la longitud y la latitud observadas.