Veinte mil leguas de viaje submarino

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Pusieron a disposición del comandante Farragut los arsenales, y el comandante apresuró el equipo y provisión de su fragata.

Precisamente, como suele ocurrir, desde el momento en que quedó resuelto perseguir al monstruo, éste se llamó a sosiego. Durante dos meses nadie oyó hablar de él. Ningún navío lo encontró en su ruta. Parecía que el unicornio hubiera tenido conocimiento de lo que se concertaba contra él. ¡Tanto se había dicho al respecto, hasta por medio del cable transatlántico! Por eso los burlones aseguraban que el muy ladino había detenido al paso algún telegrama, de lo que sacaba ahora provecho.

Así, pues, armada la fragata para una campaña lejana y provista de formidables instrumentos de pesca, quedaba por saber hacia dónde se dirigiría. E iba creciendo la impaciencia, cuando, el 2 de julio, se supo que el Tampico, vapor de la línea de San Francisco de California a Shangai, había vuelto a ver al animal, tres semanas antes, en los mares septentrionales del Pacífico.

La noticia produjo hondísima emoción. No le dejaron ni veinticuatro horas de respiro al comandante Farragut. Los víveres habían sido embarcados. Las carboneras rebosaban de combustible. No - faltaba un hombre en la lista de tripulantes. Solamente había que encender los fuegos, dar presión y soltar las amarras. No se le habría perdonado medio día de retardo. 


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