Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino La flora submarina me pareció bastante completa, más rica aún que en las zonas árticas o tropicales, donde sus productos son menos numerosos. Pero durante algunos minutos confundí involuntariamente los reinos entre sí, tomando a zoófitos por hidrófitos, animales por plantas. ¿Quién no se hubiera equivocado? ¡Tan de cerca se tocan la fauna y la flora en ese mundo submarino!
A eso de la una, el capitán Nemo dio la señal de alto, con gran satisfacción mía, y nos tendimos bajo una glorieta de alarias cuyas largas y delgadas tiras se enderezaban como flechas. Ese instante de descanso me pareció delicioso. Lo único que nos faltaba era el placer de la conversación, porque no podíamos oímos unos a otros. Sólo acerqué mi gruesa cabeza de cobre a la de Consejo y vi cómo le brillaban los ojos de contento al valiente muchacho, quien en señal de satisfacción se agitó dentro de su caparazón con la expresión más cómica del mundo.