Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Tres segundos antes de recibir la carta de J. B. Hobson, yo pensaba tanto en perseguir al unicornio como en intentar el paso del noroeste. Tres segundos después de haber leído la misiva del honorable secretario de Marina, comprendía, al fin, que mi verdadera vocación, la única meta de mi vida, consistía en dar caza al monstruo inquietante y librar de él al mundo.
-¡Consejo!, llamé con voz impaciente.
