Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Consejo y Ned Land pasaban largas horas conmigo. Consejo le había contado a su amigo las maravillas de nuestro paseo y el canadiense lamentaba no habernos acompañado, aunque yo esperaba que volvería a presentarse la ocasión de visitar los bosques oceánicos. Casi todos los días, durante algunas horas se corrían los paneles del salón y nuestra vista no se hartaba de escudriñar los misterios del mundo submarino.
El Nautilus seguía la dirección general de sudeste, manteniéndose entre los cien y ciento cincuenta metros de profundidad. Un día, no obstante, no sé por qué capricho, dirigido diagonalmente por sus planos inclinados, llegó a las capas de agua situadas a los dos mil metros. El termómetro señalaba una temperatura de 4 grados 25 centígrados, temperatura que a esta profundidad parece ser común a todas las latitudes. El 26 de noviembre, a las tres de la mañana, el Nautilus cruzó el trópico de Cáncer a los 172º de longitud. El 27 pasó a la vista de las Sandwich, donde el ilustre Cook halló la muerte el 14 de febrero de 1779. Habíamos recorrido entonces cuatro mil ochocientas sesenta leguas desde nuestro punto de partida. Por la mañana, cuando subí a la plataforma, advertí, a dos millas a sotavento, la isla de Hawii, la mayor de las siete que forman el archipiélago.