Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Sí, decía, el océano tiene una circulación visible y para provocarla le bastó al Creador de toda cosa con multiplicar en él el calor la sal y los animálculos. El calor, en efecto, crea densidades diferentes que producen las corrientes y las contracorrientes. La evaporación, nula en las regiones hiperbóreas, muy activa en las zonas ecuatoriales, alcanzar el máximo de densidad a los dos grados bajo cero, luego, enfriándose más, hacerse más liviana y volver a subir. Ya verá usted en el polo las consecuencias de ese fenómeno y comprenderá por qué, a causa de tal ley de la naturaleza previsora, la congelación sólo puede producirse en la superficie de las aguas.
Dicho esto, el capitán Nemo se dirigió hacia la compuerta y desapareció por la escalera. Yo lo seguí y me retiré al gran salón. La hélice entró en movimiento poco después y la corredera señaló una velocidad de veinte millas por hora. Durante días, durante semanas, que transcurrieron a continuación, el capitán Nemo raleó mucho sus visitas. Lo vi sólo a raros intervalos. Su segundo tomaba con regularidad la altura, que yo hallaba señalada en el mapa, de tal manera que podía seguir en él la ruta exacta del Nautilus.