Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Ciento noventa y dos mil años, mi buen Consejo, lo que alarga mucho los días bíblicos. Por otro lado, la formación de la hulla, es decir, la mineralización de los bosques enterrados por los diluvios y el enfriamiento de las rocas basálticas han exigido períodos de tiempo mucho mayores. Pero he de decirte que los días de la Biblia no son sino épocas y no el intervalo que transcurre entre dos salidas del sol, pues, según la misma Biblia, el sol no ha sido formado el primer día de la Creación.
Cuando el Nautilus subió a la superficie, me fue dado contemplar en toda su extensión a esa isla de Clermont-Tonnerre, baja y boscosa. Las trombas y tempestades fertilizaron evidentemente las rocas madrepóricas que la forman. Un día, una semilla, traída por el huracán desde las tierras cercanas, cayó sobre las capas calcáreas junto con los detritos de peces y plantas marinas que constituyeron el humus vegetal. Algún coco a impulsos de las olas llegó a la nueva costa. El germen arraigó. El árbol al crecer atrajo el vapor de agua. Nació un arroyo. La vegetación se propagó poco a poco. Algunos animalillos, gusanos, insectos, abordaron en los troncos arrancados de las islas del Viento. Vinieron las tortugas a poner sus huevos. Anidaron los pájaros en los árboles jóvenes.