Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El Nautilus se presentó, pues, ante la entrada del más peligroso estrecho del golfo, por el que hasta los navegantes más audaces apenas se atreven a pasar, estrecho que Luis Paz de Torres afrontó a su regreso de los mares del sur a la Melanesia, y en el cual, en 1840, las corbetas encalladas de Dumont d'Urville casi se pierden totalmente. El propio Nautilus, capaz de superar todos los peligros marinos había de tener que vérselas, sin embargo, con los arrecifes coralinos.
El estrecho de Torres tiene aproximadamente unas treinta y cuatro leguas de ancho, pero se halla obstruido por innumerable cantidad de islas, islotes, rompientes, rocas, que vuelven casi impracticable la navegación. En consecuencia, el capitán Nemo adoptó todas las precauciones necesarias para la travesía. El Nautilus, flotando a flor de agua, avanzaba a moderada velocidad. La hélice, como la cola de un cetáceo, hendía las olas con lentitud.