Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Pues bien, respondÃ, si no quiere tenerlos a bordo, harÃa bien en tomar algunas precauciones.
-TranquilÃcese, señor profesor, no hay motivo para estar preocupado. Es que son muchos los indÃgenas...
-¿Cuántos contó usted?
-Por lo menos, un centenar.
-Señor Aronnax, respondió el capitán Nemo cuyos dedos volvieron a apoyarse en el teclado del órgano, aun cuando todos los indÃgenas de la Papuasia se juntaran en esa playa, el Nautilus no tiene por qué temer ataque alguno.
Los dedos del capitán corrÃan entonces por el teclado y noté que sólo tocaban las teclas negras, lo que daba a sus melodÃas un color esencialmente escocés. En seguida olvidó mi presencia y se sumió en su ensueño del que no traté de despertarlo. Subà otra vez a la plataforma. La noche ya habÃa caÃdo, pues en esas bajas latitudes el sol se pone rápidamente y sin crepúsculo. Sólo vi, en una masa confusa, a la isla de Gueboroar.