Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Qué se arriesga en esta tarea?, dijo Ned Land. ¿Ingerir involuntariamente algunos tragos de agua de mar?
-Como usted lo dice, Ned. A propósito, añadà tratando de hacerlo con el mismo tono despreocupado del capitán Nemo, ¿tiene usted temor a los tiburones, valiente Ned?
-¡Yo!, respondió el canadiense, ¡un arponero de profesión! Mi oficio consiste en burlarme de ellos!
-No se trata, dije, de pescarlos con un esmerejón, de izarlos sobre el puente de un navÃo, de seccionarles la cola a hachazos, de abrirles el vientre, arrancarles el corazón y arrojarlo al mar.
-Entonces, ¿se trata de...?
-SÃ, precisamente.
-¿De cazarlos en el agua?
-En el agua.
-¡A fe mÃa que con un buen arpón! ¿Sabe usted?, son bestias de conformación defectuosa: tienen que dar la vuelta sobre sà mismos para atraparlo a uno y durante ese tiempo...
Ned Land tenÃa una manera de pronunciar la palabra "atrapar" que daba frÃo.